Encuentro con el Diablo

encuentro-con-el-diabloEl bar está full de gente, las conversaciones giran a mi alrededor, el día a sido muy largo. Lo único que deseo es mi cama y alguien en ella esperándome, pero desde hace más de seis meses no hay nadie, sólo sábanas frías y demasiado espacio en ella. La bulla me atormenta, sin despedirme decido salir. Veo una puerta lateral por donde ha salido un empleado, lo sigo y desemboca en un callejón oscuro.

A penas doy unos pasos la temperatura sube varios grados, la ropa se incrusta en mi piel, me molesta. Entonces lo veo, cazadora negra, jeans oscuros junto con unos lentes que ocultan su mirada. Estoy paralizada. Se mueve como un depredador, me presiona contra la pared y su boca toma la mía con una necesidad salvaje, está caliente muy caliente. Me besa las mejillas y el cuello, me muerde y siento el ardor en el lugar donde lo hizo, eso me excita.

Baja mis shorts violentamente, no puedo hacer nada. Se arrodilla ante mí y acerca su boca a mi sexo, el calor me quema y no me había dado cuenta como me pone. Su boca arranca mi tanga y pasa su lengua con maestría. Abro las piernas para él, me expongo me llevo las manos a mis pechos y me los acaricio, duelen. Él hace círculos con su lengua mientras introduce un dedo en mi interior, luego otro, estoy que ardo.

Mete y saca sus dedos sin dejar de comerme con la boca. Sus manos me tienen tomadas las piernas. Empiezo a temblar, la presión en mi vientre crece y crece. Me pellizco con fuerza mis pezones; tengo la saliva espesa, no dejo de jadear. Sus lentes caen al suelo y veo sus ojos, son dos ventanas de fuego. El Diablo ha venido por mí.

Se abre la puerta del bar y sale el mismo empleado con un cigarrillo en la boca. Miro hacia el suelo donde mi Diablo estaba hace solo un segundo y ya no está. Estoy sola sin nada por debajo de mi cintura, pegada a una pared de un callejón y con el orgasmo más fuerte de mi vida a punto de explotar.

El chico me observa, le devuelvo la mirada y llevo mi mano derecha a mi sexo dispuesta a terminar lo que el Diablo comenzó. Solo necesito tres veces para gritar de placer ante la mirada de deseo del trabajador.

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